¿Por qué sentimos músculos diferentes aunque hagamos el mismo ejercicio?

¿Nunca te ha pasado que un cliente que debería sentir una zona al hacer un ejercicio siente otra?

Si eres entrenador seguro que sabes de qué te estoy hablando.

Vaya por delante que no te voy a dar una respuesta exacta. Más bien lo que voy a hacer es abrir un melón…

En alguna formación hemos hecho la siguiente prueba:

En grupos de 15- 20 alumnos, explicamos con detalle cómo queremos que se haga un ejercicio. 

A todos igual. Sólo una explicación para todos.

Normalmente lo hacemos con la sentadilla y con las flexiones de brazos, pero podría servir casi cualquiera.

Ponemos un cronómetro de 1 minuto y les pedimos que hagan el máximo posible de repeticiones, manteniendo la técnica correcta, y una velocidad adecuada.

Y al finalizar preguntamos lo mismo: 

¿Qué músculos sientes que han trabajado o se han fatigado?

Y el resultado no es concluyente. Mientras unos notan cuádriceps, otros notan glúteos. Pero es que hay otros que notan los adductores, y otros la zona lumbar o los gemelos.

Y en las flexiones, lo mismo. Pecho, pero también tríceps, incluso bíceps. Y sí, a veces también la zona lumbar.

¿Por qué?

La explicación es sencilla, pero no es simple…

Podríamos pensar que hay diferencias individuales en la altura, medidas corporales, etc… Pero en personas relativamente similares se siguen viendo esos cambios.

La técnica no debería ser, puesto que lo explicamos a todos igual, y nos aseguramos de que lo hacen razonablemente bien.

Quédate con esto:

“Lo que vemos por fuera al hacer ejercicio no es garantía en absoluto de lo que sucede por dentro”

En ocasiones, sin que ni siquiera la propia persona lo sepa, su intención es diferente. Con intención me refiero a que la fuerza que hace tiene una dirección distinta.

Levanta el culo y haz lo siguiente:

Prueba a hacer flexiones de brazos pensando en separar las manos. Ya sé que están apoyadas contra el suelo y no se van a mover. Pero eso no quiere decir que no puedas hacer esa fuerza.

Prueba a hacer sentadillas pensando en hacer fuerza como si quisieras juntar los pies. Lo mismo, no se van a juntar, pero tú puedes hacer esa fuerza.

¿A que cambia lo que sientes?

Y ahora pregúntate…

¿Alguien que te viera desde fuera se daría cuenta?

¿Podría pasar que tu cliente, mientras lo hace, no fuera consciente de que lo hace?

En ese caso tu no te enterarías nunca. Salvo si le preguntas dónde lo siente, claro.

Y más importante, e inquietante…

¿Podría pasar que tu cliente, por determinados desequilibrios musculares no tuviera otra opción que hacerlo de esa manera? 

Por tanto, cuidado con asumir que:

  • Por el hecho de que te subas a una máquina que ponga “PECHO”, vas a trabajar el pecho.

  • Por el hecho de hacer un determinado ejercicio, tal o cual músculo va a hipertrofiarse o mejorar su fuerza.

En general, cuidado con dar cosas por sentadas.

Como te decía, esto abre un melón que es complicado de cerrar.

Lo bueno es que también abre la posibilidad de reflexionar para mejorar como entrenadores y ayudar más y mejor a nuestros clientes.

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